Por José Ignacio Ustaran, CEO de Core Networks.
La economía global de nuestros días exige agilidad, talento y adaptación permanente. España tiene ante sí un reto estratégico:
convertir la formación en el pilar sobre el que se sostenga un sistema productivo más competitivo, dinámico y resiliente.
En este contexto,
la inversión en formación no puede ser vista como un gasto. Muy al contrario, se convierte en una herramienta imprescindible de transformación y progreso.
Las pymes, protagonistas del cambio gracias a la formación
España es un país de pequeñas y medianas empresas. Más del 95 % del tejido empresarial está compuesto por pymes que, en muchos casos,
enfrentan desafíos estructurales como la baja productividad, la escasa inversión en innovación o la dificultad para retener talento.
Para estas pymes, formar a sus equipos debe dejar de ser una opción para convertirse en una
estrategia de supervivencia y crecimiento.
La digitalización, la sostenibilidad, la inteligencia artificial o la internacionalización no son procesos abstractos, sino realidades que
requieren profesionales actualizados, con competencias técnicas y transversales alineadas con los retos actuales del mercado.
Apostar por la formación continua no sólo mejora la empleabilidad y la motivación de los trabajadores, sino que además
aumenta la competitividad y el valor añadido de la empresa.
El compromiso de las empresas de formación continua
Para que esta apuesta sea efectiva, las entidades formadoras también deben asumir un
papel protagonista.
Ya no basta con ofrecer contenidos: se exige calidad metodológica, innovación didáctica, orientación a resultados y una
mejora constante de los servicios.
La evaluación rigurosa, la atención personalizada y la
actualización permanente de los programas deben formar parte del ADN de cualquier centro formativo que quiera ser relevante.
Lógicamente, no se trata de un camino sencillo. El sector de la formación continua ha pecado a menudo de cierto inmovilismo, de optar por lo fácil y rápido. Pero eso se acabó hace tiempo. En un mercado tan competitivo como el actual, con profesionales que demandan una calidad superior en los productos formativos,
solamente cabe la vía de la mejora constante.
Concentración para ser más fuertes
Si el entorno es cada vez más exigente, la
atomización del sector de la formación representa una barrera para alcanzar mayores cotas de calidad y eficiencia.
Por eso la colaboración, la integración de estructuras y los procesos de concentración entre empresas del sector contribuyen a
crear organizaciones más sólidas. Empresas con mayor capacidad para invertir en tecnología, atraer talento docente y ofrecer estándares de calidad más altos.
Este proceso no implica perder identidad ni cercanía, sino sumar capacidades para
afrontar los grandes desafíos del mercado formativo, desde la digitalización hasta la internacionalización de los servicios.
Una responsabilidad compartida
Empresarios, trabajadores, administraciones públicas y centros de formación debemos entender que el verdadero valor diferencial de una economía moderna es el
conocimiento aplicado.
El camino hacia una España más competitiva pasa, inevitablemente, por una
inversión decidida y sostenida en formación de calidad. Y en este esfuerzo colectivo, las pymes tienen la llave del cambio.